lunes, 11 de enero de 2016

Extraño en el Paraíso



Este mundo debe ser agradable, no lo dudo. Solo que no lo percibo así. Las constantes relaciones humanas, el incesante movimiento de gentes que vienen y van como en una colmena las abejas, no lo digo de manera despectiva, al contrario, envidio la apariencia de pertenencia a ese “todo” que veo en sus caras, en sus actos. La consciencia de la necesidad de su participación en el movimiento.
Pero yo me siento fuera de ese movimiento. Me rodea, me marea, me siento incomodo cuando me tengo que zambullir en él.
El mundo debe ser un paraíso, no lo dudo. Solo que yo soy un extraño en el paraíso.
Solo camino tranquilo y confiado cuando te llevo tomada de la mano.
Eres mi ancla, me das la seguridad de que aunque no pertenezco a “esto”, puedo estar y participar de ello.
Incluso puedo atisbar ese paraíso en el que me siento guiado por ti.
Misántropo al fin, con capacidad de comunicación, sí; con don de palabra, tal vez; con cierto carisma, puede, pero sin ningún deseo de usarlo.
Tú eres la puerta de mi cripta, la que me hace atractiva la idea de salir de mi oscuridad y adentrarme en esa luz que me ciega.
Toma mi mano y guíame, contigo es soportable, y sé que llegará a ser incluso agradable.
Aunque siempre seré un extraño en el paraíso.