lunes, 11 de enero de 2016

De chistera y miriñaque


Tomo su mano ofrecida
de las mías en el nido,
y de tomarla al instante
veo su cara teñida
de arreboles que han nacido
de su pecho palpitante.

A mis labios la aproximo,
cual licor su olor me embriaga,
la beso desesperado,
acaríciola con mimo
sintiendo como de daga
mi corazón traspasado.

En la pérgola escondida
de magnolios rodeados
mi amor declaro rendido,
veo mi dicha cumplida.
¡Benditos sean los hados!
que por ella es recibido.
 
Por este amor compartido
su pañuelo quedo en prenda.
Al alejarse la miro,
va prendida en su vestido
mi devoción sin enmienda.
¡Queda en el aire un suspiro!