lunes, 11 de enero de 2016

Epílogo

La estancia en penumbra.
Su mano acaricia
el lomo de un libro
de cuero gastado.
Sus ojos no ven las llamas que mira
danzando en el hogar.
Él ve hacia dentro
imágenes nítidas
de un solitario niño jugar.
Las sombras se mecen
al vaivén de las llamas,
abrazando el aliento
que le sale del alma.
La pipa humea
cargando el ambiente
de dulces recuerdos,
de recuerdos hirientes.
Abre el libro,
toma la pluma
y en último esfuerzo
escribe el epílogo:

Amé
y quizás me amaron.
Soñé
y mis sueños rompieron.
Caminé
con el corazón en la mano.
Parto
con solo recuerdos.

Se cierra el libro.
Cae la mano.
Y en tenue suspiro,
libre al fin,
marcha el alma volando.