martes, 20 de octubre de 2009

Al final... el principio.

Con los hombros cargados de tristeza

Errático por la estrecha senda camino

Al encuentro del esperado destino

Sintiendo del frio suelo la aspereza.


El helado aire mi rostro corta

Anticipo ingrato del acre aliento

De la que espera en sepulcro por asiento

Descansando descuidada la guadaña que porta.


¡Tu, que eres fin de mi andadura!

Mano alzada, señalándola le grito

Dime tú, dime por Dios bendito

¿Por qué me conservaste la cordura?


¿Por qué tantas luchas y quebranto?

Sorprendida, vuelve a mí la calavera.

Hace un ademán, me dice: Espera,

No comprendo de qué te quejas tanto.


Seguro te aqueja el mal del olvido,

Sobre tus pasos mira hasta do la vista abarca

Si hoy te enfrentas con la Parca,

Será porque has vivido.


Tus manos, otras manos sostuvieron,

Tus ojos de belleza se saciaron,

Te besaron y tus labios besaron,

Tú quisiste y te quisieron.


Lágrimas de pena y también de alegría

Por tus mejillas rodaron turbulentas.

Mira aquí mis vacías cuencas,

Por una de tus lágrimas todo daría.


Hoy te niego el descanso, oye bien lo que te digo

Ojalá un día entiendas lo que te digo ahora:

Alguno desprecia lo que otro adora.

Para mí quisiera lo que para ti es castigo.